Desahogo
- Yo
- 16 oct 2024
- 2 min de lectura
Empecé a escribir este blog hace mucho tiempo porque necesitaba sacar de mi algunas cosas que necesitaba ver en perspectiva y no quería cargar a nadie concreto con ellas (en realidad tampoco quería que me dijesen a la cara lo boba que soy, pero eso es otro tema).
Así que vuelvo, después de llevar bien mucho tiempo, a descargar mi cabeza. Ha vuelto a pasar, alguien a quien aprecio ha vuelto a hacerme sentir mal por ser yo. No tiene la culpa, el fallo es mío y solo mío. Siempre he querido pensar que la gente es buena, es cariñosa y es agradecida, yo quiero ser así, vale tengo mi lado canalla, obvio, pero normalmente trato que las personas a mi alrededor estén bien, estén contentas y sean lo más felices que sea posible y si no es así pongo empeño en ayudar. Y ese, justo ese, es mi mayor problema: "No todo el mundo es cariñoso ni es agradecido". Y no porque sean malas personas, ni egoístas, ni nada parecido, es que no son así y punto. Con los años he aprendido a detectar a esas personas y a saber qué esperar de ellas y así y todo poner mi granito de arena en que estén bien... Pero me estoy rompiendo... Estoy llegando a un punto en el que ya no puedo llevarlo bien. Cuando es gente que tengo un poco más lejos o hay menos contacto es más sencillo gestionarlo, me pongo un poco triste, lloro un ratito y al final se me pasa (queda una pequeña huella que hace que cada vez me despegue un poquito más y deje de ser tan yo con esas personas, pero bien). Pero es que he empezado a tenerlo tan cerca, tan todos los días, que está empezando a pesar mucho. Y no quiero cargar a nadie más con ello (ni necesito ayuda, ok, se cuál es el problema y qué hacer para mejorar) pero cada vez es más y más duro... Y se que no mejorará. ¿Debo aceptarlo? Claro ¿Los momentos buenos compensan? Obviamente. Entonces, ¿de quién es el problema? Pues mío, claro, porque aún a estas alturas no he sido capaz de hacer una coraza ante estas cosas, porque por mucho que digo que es la última vez se que volveré a caer y volveré a sentirme mal. Soy como un cachorro que da amor incondicional a su amo y este le responde con palos y así y todo el cachorro le recibe cada día con lametones y mimos. Posiblemente el cachorro aprenda antes que yo. Esta vez será la última vez, por lo menos respecto a una persona, con las demás ya iremos gestionando.


Comentarios